Autorregulación y límites en los niños

Autorregulación y límites en los niños

¿Te ha pasado que tu hijo no te hace caso y por más que le llames la atención una y mil veces sigue sin hacerte caso? ¿Cuándo van al super hace berrinche porque quiere que le compres algo y al final terminas comprándoselo? ¿No sabes que hacer y parece que tu hijo decide que hacer y cuándo hacerlo?

Bueno, puede ser que a tu hijo le hagan falta límites. Los límites son un freno que le indican a un niño hasta dónde puede llegar para evitar conductas que puedan afectar su desarrollo social, emocional y su seguridad. Por ejemplo, un niño que le pega a otros niños será un pequeño que pueda ser rechazado por sus pares, afectando esto su desarrollo social o un niño que hace un berrinche por conseguir algo y que los padres se lo dan para que no llore, es un pequeño que tendrá poca tolerancia a la frustración y su desarrollo emocional se verá afectado. Los niños que no tienen límites suelen ser pequeños que se la pasan retando a sus padres ya que no encuentran un alto que les indique hasta dónde llegar.

La implementación de límites claros y precisos ayudará a que su hijo desarrolle su capacidad de autorregulación la cual se entiende como la capacidad de controlar nuestros propios impulsos, para una conducta no deseada o para iniciar una conducta cuando es necesario además de ayudarnos a filtrar estímulos no del medio ambiente y concentrarnos. ¿Los límites nacen o se hacen?

Los límites se aprenden de manera gradual de acuerdo a nuestro desarrollo y por medio de experiencias previas por lo que es importante que el adulto lo guíe y gradualmente lo vaya soltando teniendo siempre en cuenta que el objetivo es que el niño sea capaz de regularse de manera más autónoma y no necesite la ayuda de un adulto para hacerlo.

La autorregulación es importante ya que gracias a ella se evitan problemas de conducta como impulsividad, delincuencia, conducta antisocial, agresión y también TDAH.

Algunas recomendaciones para poner límites en tus pequeños son: Es importante entender la diferencia entre poner límites y gritar o enojarse. Poner límites se refiere a enseñarle a nuestro hijo hasta dónde puede llegar y que en caso de que no respete las reglas habrá consecuencias. Estas consecuencias deben ser lógicas e inmediatas, si tu hijo no recoge sus juguetes y la consecuencia es no poder ver la televisión, no estarás dando una consecuencia lógica, será mejor decir, si no recoges tus juguetes no podrás ver la televisión. Si tu pequeño no sigue reglas es importante que te preguntes si el límite que has puesta es consistente, claro, pero sobre todo si ha habido consecuencias en caso de no respetarlo.

Establecer límites no es algo de una sola vez, tiene que repetirse varias veces para que nuestro hijo aprenda hasta dónde puede llegar. Los límites y consecuencias deben de ir acorde a la edad de nuestro hijo: No es lo mismo establecer límites y consecuencias en un niño de edad escolar a un adolescente.

Evitar acciones como: I Infundir temor: Especialmente decir “ si no haces lo que yo te digo ya no te voy a querer” ya que en caso de abusar de este recurso podría crear hijos cínicos que a pesar de lo que hagan no obtendrán el amor de sus padre a menos que sean tal y como ellos quieren que sea.

Culpabilizar: Evita decir “yo que te doy todo y no eres capaz de hacerme caso” En primera este tipo de frases no hace alusión al problema principal y lo que hace es confundir al niño ya que no sabe si enfocarse en modificar sus acciones o tu estado de ánimo. Abusar de este recurso puede crear hijos que se sientan mal por el daño que le crean a los demás o que no hagan caso y se vuelvan insensibles.

Avergonzar: ¿“No te da vergüenza que todos te vean así de sucio que estas?” Es atentar contra la esencia del niño, pueden causar huellas en la autoimagen y en la autoestima del niño.

Rechazar: Cuando después de hacer una rabieta nuestro hijo nos pregunta ¿Me quieres? Lo ideal sería decir “Si te quiero, pero no me gustó lo que hiciste” (especificar lo que hizo).

También puedes seguir estos consejos:

Tus límites deben de ser directos y claros, evita frases como “me gustaría que hicieras esto…” ya que eso es un deseo y no una orden, aparte los deseos puede que se cumplan o no. Evita repetir la orden mil veces, los niños llegan a un punto en donde les va a dar igual lo que le digas, por eso es importante que esa orden vaya acompañada de una consecuencia o una acción como reforzamiento. Por ejemplo, imagina que acabas de servir la mesa y le gritas a tus hijos que están en el cuarto de televisión jugando videojuegos que bajen a comer, ellos te escuchan y hacen caso omiso, les vuelves a gritar y nuevamente no hacen caso, entonces tú sigues gritando, te enojas más y más porque la comida se enfría y tus hijos no dan señal de querer bajar. Lo ideal en este caso es si no hacen caso subir y apagar el juego para que bajen.

Los sermones no son nuestros aliados ya que necesitan de raciocinio y tener la perspectiva de un adulto, algo que los niños todavía no tienen, así que lo que hacen es solo soportar el tiempo que dura el sermón y sabrán que después de eso la vida sigue igual. “puedo pegarle a mi hermanito y solo tendré que aguantar unos minutos de sermón”

Utilizar premios y castigos es bueno, pero es mejor no abusar de ellos. Si abusamos de los premios, el niño puede entender que para que haga algo debe recibir un premio a cambio, por otra parte, el abuso de los castigos puede hacer que pierdan efectividad y el niño piense que el mundo está en su contra.

Por último, es importante recalcar que tú eres el adulto y debes actuar como tal, evita caer en enojos absurdos o complacer las rabietas. Busca siempre una solución basándote en los consejos previamente dados.

Bibliografía:

E. Murow. A. Verduzco (2001) Cómo poner límites a tus niños sin dañarlos. Editorial Pax México, México.

L. Villanueva. L. O. Vega, Ma.F. Poncelis. (2011). Creciendo juntos. Estrategias para promover la autorregulación en niños escolares. Puentes para crecer. México.