¿Te has preguntado que puedes hacer para ayudar a tu hijo,familiar, tu amigo o tu alumno con parálisis cerebral o IMOC?

¿Te has preguntado que puedes hacer para ayudar a tu hijo,familiar, tu amigo o tu alumno con parálisis cerebral o IMOC?

La parálisis cerebral es una condición debida a una lesión en el cerebro de un niño pequeño antes o después del nacimiento. Esta lesión puede provocar principalmente problemas de movimiento, y acompañarse o no de otras alteraciones como la espasticidad (dificultad para mover los brazos y las piernas acompañadas de rigidez), problemas para ver, oír, comer, hablar y ser independiente. Sin embargo, estas alteraciones no deben impedir que puedan disfrutar de una vida más feliz.
Basado en la Clasificación Internacional del Funcionamiento, Discapacidad y Salud, que se encarga de determinar los niveles de deficiencias corporales, limitaciones para la actividad y la restricción para la participación.

Te presentamos algunos puntos que debemos tener en cuenta para lograr una vida mejor en los niños y adolescentes con parálisis cerebral.

· FUNCIONES.

Enfócate en lo que SI puede hacer, con o sin ayuda y las formas alternativas de hacer las cosas, por ejemplo: “si se me dificulta atarme las cintas de mis tenis, busco unas agujetas deportivas que no requieran nudo”. Es más fácil cambiar el entorno que al niño.

· FAMILIA:

Ten en cuenta los gustos, intereses, estado de salud y aportaciones de los familiares más cercanos. Si los papás están bien, el niño estará bien, es muy importante también cuidar a quién cuida.

· ESTADO FÍSICO.

Es clave mantenerse en forma, hacer ejercicio, integrarse a actividades deportivas, los mantendrá más tiempo independientes y evitará complicaciones como la obesidad, la debilidad y el dolor.

· AMISTAD: Los amiguitos son clave para los niños, socializar y convivir con otros niños de su edad es muy importante para su desarrollo.

· FELICIDAD: ¡esta es la meta!, si el niño es feliz, se divierte y juega, todo lo que hagamos está dando fruto.

· FUTURO: Los niños crecen y es importante considerar un plan cuando sea adolescente y luego joven, y tenga que salir a trabajar si pueden hacerlo, y si requieren apoyo, planear quien y como le seguirán ayudando en su adultez. Estos puntos son importantes para tomar en cuenta, y si logramos organizar que sus terapias, su tratamiento, la escuela y la diversión, estamos más cerca de lograr niños más felices, tengan o no alguna limitación.

¿Qué complicaciones se pueden presentar?

Una de las principales complicaciones de los niños que tienen parálisis cerebral es la presencia de la espasticidad.

La espasticidad es el aumento del tono muscular, es decir, la resistencia que ejercen los músculos para poderlos mover fácilmente, debido a una lesión en el cerebro que dificulta que lleguen de manera adecuada las señales para la relajación.

¿Qué pasa si mi niño tiene espasticidad?

Puede presentar una limitación en el movimiento, y favorecer a que aparezcan contracturas (acortamiento muscular) que producen que el niño camine en las puntas de los pies y tenga dificultad para tomar objetos con sus manos; se puede acompañar de problemas para cambiar su pañal, para la correcta higiene, para vestirlo, además de producir que algunos huesos no se mantengan en su posición llegando a producir dolor y deformidades (especialmente en la cadera).

¿Cómo se puede disminuir?

Existen combinaciones de ejercicios que pueden favorecer relajación y uno de los métodos más estudiados por la gran mejoría que produce es por medio de la aplicación de toxina botulínica tipo A, que es un medicamento que se aplica directamente en los músculos por medio de inyección; con el objetivo de bloquear de manera temporal la señal desorganizada que envía el cerebro, con el objetivo de relajar el músculo y permitir aumentar la movilidad, disminuir la resistencia para los ejercicios, mejorar la postura e incluso disminuir el dolor relacionado con la espasticidad.

¿Quién nos dice que es necesario y cómo se aplica?

Se aplica por medio de inyección por un médico especialista capacitado para hacerlo, (generalmente un médico especialista en rehabilitación o neurólogo), posterior a una evaluación completa para determinar si sé es candidato, realizando valoraciones para medir la espasticidad antes y después, y armar un programa de neurorehabilitación en base a objetivos junto con la familia, para así determinar lo más importante para los padres y el paciente para obtener mejores resultados.

¿Qué se necesita después de la aplicación?

Es necesaria una evaluación completa y después comprometerse con un programa de neurorehabilitación y terapia ocupacional, ya sea en casa o en institución, para poder lograr el máximo beneficio del medicamento, ya que no va a curar la espasticidad, pero si nos va a ayudar a mejorar la calidad de vida.

CONCLUSIÓN

Entre más nos acercamos al tema de la discapacidad, nos damos cuenta que al hablar de parálisis cerebral aún el concepto está muy estigmatizado, y cuesta trabajo que las personas no relacionadas con el tema, familiares, docentes o incluso personal del área de la salud, entiendan totalmente que una persona con parálisis cerebral puede tener un espectro muy amplio de sueños y posibilidades de movimiento siempre y cuando tengan un buen programa de neurorehablitación, detección oportuna y seguimiento a lo largo de su vida, con ayuda de todo su entorno familiar, social, etc.

Es bien sabido que la parálisis cerebral es un trastorno del movimiento y la postura que afecta en los primeros años de vida, y que, si bien es cierto que el principal problema es para poderse desplazar, también se acompaña de alteraciones del habla, alimentación, aprendizaje, incluso del sueño y provoca dolor. Debido a esto nuestro objetivo como fundación consiste en trabajar de la mano con los niños y sus familias para lograr que a pesar de que en su vida la condición de lesión cerebral los va a acompañar, no los defina y puedan, trabajando juntos, encontrar las mejores soluciones para alcanzar lo que ellos se propongan acorde a sus deseos y capacidades.

BIBLIOGRAFÍA

Rosenbaum, P. and Gorter, J. W. (2012), The ‘F-words’ in childhood disability: I swear this is how we should think!. Child: Care, Health and Development, 38: 457–463.